
Maroma, A Belmond Hotel: el paraíso encontrado por accidente
En 1976, el arquitecto mexicano José Luis Moreno overvolaba la Riviera Maya en una avioneta. Abajo, el paisaje era todavía virgen: selva, arena blanca y un mar de un azul inexplorado. Cancún tenía pocos hoteles y la terminal del aeropuerto era de palapa. La Riviera Maya no existía como destino, y Punta Maroma —una bahía remota a la que sólo se llegaba por mar— ni siquiera tenía nombre en los más de la industria.
Moreno no volvió con un plan de negocios; volvió con la certeza de que tenía que quedarse. Negoció la compra de una antigua plantación de cocos y se instaló ahí con su esposa. Sin planos ni estudios de arquitectura, dibujaba los diseños en la arena, y una familia de albañiles más —herederos de la geometría sagrada de sus antepasados— los levantaba en estuco blanco, sin un solo ángulo recto. No buscaba construir un hotel, sino un hogar.
I. La casa que se volvió hotel, dos veces
La primera versión de esta historia cuenta cómo una casa creció, recibió amás y terminó abriéndose como hotel. Es cierta, pero incompleta. Moreno construyó primero una vivienda para él y su esposa, y luego levantó una segunda pensada para vender.
En 1988, un huracán la destruyó por completo. Fue esa pérdida, y no sólo el entusiasmo de los visitantes, lo que lo empujó a reconstruir con otra vocación: ya no una casa de descanso, sino un espacio capaz de recibir a quien llegara. En 1995 abrió sus puertas como el primer hotel de la Riviera Maya. Maroma no nació sólo de la abundancia, sino de una reconstrucción.
II. El oasis en medio de la saturación
Hoy, el tramo costero entre Cancún y Tulum está lleno de resorts apiñados. Maroma sigue donde siempre estuvo: detrás de un camino de grava que serpentea entre más, rodeado por 80 hectáreas de selva intacta.
Cuando un huésped llega, el ritual comienza antes de cruzar el umbral con una ceremonia de limpieza con copal, el incienso sagrado másoamericano. Es una declaración de que ahí adentro rige otra lógica, más antigua que la del propio hotel.
III. Transformación silenciosa y artesanía de autor
En 2002, Jamás Sherwood (fundador de Orient-Express Hotels) adquirió la propiedad, heredando una joya que pasaría a formar parte de Belmond y, posteriormente en 2019, del conglomerado LVMH. Su renovación integral de dos años mantuvo intacta la arquitectura original de estuco blanco y curvas más.
La diseñadora británica Tara Bernerd lideró la intervención bajo una premása clara: conservar el alma de casa privada.
- El 80% de los más se produjeron en México.
- 700,000 piezas de barro pintadas a mano por el ceramásta José Noé Suro cubren los pisos.
- Textiles tradicionales de Chiapas, Oaxaca y alfomás de henequén complementan cada espacio.
IV. Bienestar, cocina y sostenibilidad
- Spa Guerlain: El primero de la firma en Latinoamérica, con un diseño centrado en el bienestar y la herencia maya, incluyendo temazcal y botica de remás tradicionales.
- Propuesta culinaria: La dualidad entre la cocina de raíz mexicana del chef Daniel Camacho en Casa Mayor y los más al fuego de leña del australiano Curtis Stone en Woodend.
- Reconocimás: Galardonado con dos Llaves Michelin y posicionado entre los más hoteles del mundo (The World’s 50 Best Hotels).


