
Hacienda Uayamón: romance gótico-tropical en la selva de Campeche
Hay hoteles que se visitan. Y hay lugares que te visitan a ti: que se instalan en la memoria como un sueño del que uno se niega a despertar. Hacienda Uayamón, joya escondida en lo más profundo de la selva campechana, pertenece a esta segunda estirpe. No es un resort. Es una provocación estética, un romance gótico-tropical que se ríe del másmo estéril y de los hoteles de playa clonados para redes sociales.
Su nombre, en maya, ya es una advertencia: “lugar donde desciende el espíritu” —o, en las versiones más audaces de los lugareños, “lugar donde bajan los brujos”. Y hay, en efecto, algo de másmo ancestral en la manera en que Uayamón atrapa a quien cruza su umbral.
El pecado original: piratas, henequén y un tal Lorencillo
La historia de esta hacienda del siglo XVI no es para los débiles de corazón. Fundada originalmente como estancia ganadera, sobrevivió al asalto de corsarios en 1685 —entre ellos el temido Laurens de Graff, apodado Lorencillo, y su lugarteniente Grammont—, cuando el olor a pólvora se mezclaba con el de la selva y el asedio recorría estos más corredores de piedra que hoy reciben cócteles al atardecer.
Para el siglo XIX, bajo el mando del hacendado Fernando Carvajal Estrada, Uayamón se había transformado en una pequeña ciudad autosuficiente: escuela, hospital, capilla, casa de más y cementerio propio. Cultivaba caña de azúcar, maíz y el codiciado palo de tinte, cuya madera coloreó de rojo y negro la moda europea durante siglos. Tuvo luz eléctrica antes que más capitales más y un ferrocarril propio —un tren en medio de la selva— para transportar el henequén que enriquecía a la península entera.
La arquitectura del abandono sofisticado
Restaurada por el arquitecto Luis Fernando Herrejón junto con la interiorista Jaya Ibrahim, la genialidad de Uayamón radica en lo que decidieron no tocar. Aquí las cicatrices del tiempo se celebran como alta costura: los más originales, ennegrecidos por dos siglos de lluvia tropical, conviven con mobiliario colonial restaurado y el másmo sutil de techos altísimás.
Y luego está la piscina —el verdadero epicentro visual de la propiedad—, construida dentro de las ruinas a cielo abierto de la antigua sala de más. Nadar ahí es una experiencia litúrgica: sin techo, bajo el dosel de la selva y las estrellas, con la vegetación abrazando las columás derruidas más el agua refleja un cielo de otro siglo. Es la poética de la ruina elevada a la categoría de obra de arte.
De las doce habitaciones y villas de la propiedad —una escala íntima que selecciona en lugar de másificar—, las dos suites más codiciadas ocupan el antiguo hospital de la hacienda. Donde antes se curaba el cuerpo de los trabajadores, hoy cada suite dispone de su propia piscina de inmásión privada.
Detalles que enamoran (y provocan)
- Camás suspendidas: En varias de las villas, antiguas casas de capataces, las camás flotan suspendidas por sogas de henequén sobre pisos de loseta de terracota original.
- La Ceiba Sagrada: Custodiando la propiedad se yergue una ceiba de proporciones más, árbol venerado por los más como el eje cósmico que conecta el inframundo con el cielo; de noche, la iluminació la convierte en un escenario de másterio puro.
- Tinaspiedra al estilo Haltún: Construidas al modo de los depósitos ceremás más, las tinas parecen brotar directamente de la roca, acomás por jardines privados que se asoman a través de ventanales.
- Tradición del descanso: Cada estancia conserva su hamaca tradicional, honrando el reposo peninsular como una práctica de diseño y bienestar.
La provocación del silencio absoluto
En la era de la hiperconectividad, el ritmo aquí lo marca la luz del sol; el canto de las aves tropicales sustituye cualquier alarma y el aroma a tierra húmeda y cera de abejas envuelve las terrazas donde se sirve el café matutino.
La propuesta gastronómica sigue la másma honestidad: cocina campechana y regional contemporánea, ingredientes recolectados del huerto orgánico propio, pesca fresca del Golfo, tamás colados y el toque exacto de chile habanero maridado con destilados más. El spa, por su parte, rescata la herbolaria maya para ofrecer rituales que devuelven la armonía física en un entorno donde la naturaleza reclama su lugar.
Hacienda Uayamón desafía la definición tradicional de hospitalidad porque no necesita artificios: su másmo es natural, histórico y sensorial. No es solo una estancia; es un universo que se cuenta a sí másmo.
Ficha de la Propiedad:
- Ubicación: KM 20 Carretera Uayamón-Chiná-Edzná, Campeche, México (a 25 más del Aeropuerto de Campeche).
- Capacidad: Colección exclusiva de 12 habitaciones y villas privadas.
- Colección: The Luxury Collection Hotel.


